Siempre fue tradicional en Artenara que, casi todas las familias, en la orilla de los “bocaos”
–cercados de tierra- tuvieran plantadas unas parras –viñas- para recolectar sus frutos –la uva- y para hacer un poquito de vino con que calentar “la tripa” en los largos inviernos. En un solapón está la misma cueva donde los abuelos –Antoñito Rodríguez y Felisita Perera- guardaban sus papas, quesos, manzanas y sus “garrafones” de vino. Aquí, ARTENATUR ha implantado, aplicando la tradición y mejorando la producción con la tecnología de hoy, la Bodeguilla El Solapón.
Para ello, ha recuperado las plantaciones tradicionales de La Majada y la Finca La Herencia –básicamente de listán, negramol y moscatel- ampliando las plantaciones en dichas fincas con variedades mejorantes como Tintilla, Baboso o Verijadiego, así como en El Caidero, junto a la bodega. Todas ellas están situadas en altitudes superiores a los 1.000 metros, lo que la convierte en una de las plantaciones de mayor altura de la isla, el Archipiélago Canario y España. Dada su situación geográfica –por encima de las brumas de los alisios y mirando al sur- las plantaciones carecen de enfermedades, utilizando casi exclusivamente el azufre como medida preventiva. Ello ha dado lugar a unos excelentes vinos, llegando a obtener una medalla de oro a nivel nacional y una distinción a nivel insular con el vino de licorr. Su decantación o clarificado se hace por el sistema tradicional de trasiegos -pase de un depósito a otro- para lograr así que conserve los múltiples aromas que contiene la uva de estos lugares pertenecientes a la Reserva de la Biosfera muy alejados de la contaminación y de los productos químicos.




Que no falte el licor de Artenatur en ninguna romería de las islas.
¡Qué guapas están las casas! La verdad es que uno al ver estas fotos se desconsuela por echar un fin de semana en ellas… con buena compañía y un buen vaso de vino de la Bodeguilla El Solapón